Batalla del Vino 2026: guía de supervivencia definitiva para vivirlo como un jarrero

Todo lo que necesitas saber para sobrevivir (y disfrutar) la Batalla del Vino de Haro este 2026. Consejos prácticos de un anfitrión local: cómo subir a los Riscos, cómo es la fiesta y consejos para pasarlo pipa.
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Alojamiento turístico en el centro de Haro con vistas a la Plaza de la Paz y a pocos minutos de las bodegas del Barrio de la Estación. Compartimos consejos y recomendaciones pensados para ayudarte a disfrutar mejor tu escapada a Haro y Rioja Alta.

Si estás leyendo esto, probablemente ya te has imaginado empapado de vino tinto hasta los huesos, dando botes entre tus colegas y con una sonrisa que no te cabe en la cara. Soy Jesús, anfitrión del apartamento Plaza de la Paz en Haro, y he perdido la cuenta de las Batallas del Vino que he vivido (y sobrevivido) desde que era un chaval. Aquí en Haro esto no es una simple fiesta: para nosotros, los jarreros, es una cuestión de honor, una tradición que nos recorre las venas tanto como el Rioja. Y como sé que para este 29 de junio tienes un montón de dudas (¿qué ropa llevo?, ¿cómo protejo el móvil?, ¿de verdad se comen caracoles después?), he decidido contarte todo lo que ningún folleto turístico te va a explicar. Ponte cómodo, que te llevo a los Riscos de Bilibio conmigo.

Una batalla… ¿con vino?

Vale, empecemos por lo básico, que seguro que ya te has visto todos los reels del Insta y de TikTok, pero te lo cuento en un minuto: La Batalla del Vino es exactamente lo que suena: miles de personas vestidas de blanco subiendo hasta los Riscos de Bilibio (una explanada a unos 6km de Haro) para lanzarse litros y litros de vino tinto por encima hasta quedar absolutamente empapados. Se celebra cada 29 de junio, el día de San Pedro, y tiene un origen que mezcla dos cosas muy nuestras: las ganas de juerga y un pique histórico con nuestros queridos y amados vecinos de Miranda de Ebro que viene de muy atrás. Pero de la historia te hablo luego, que si no me enrollo.

Lo importante ahora es que entiendas que

1) esto no es una guerra, aunque parezca lo contrario. En la Batalla del Vino no hay bandos, no hay ganadores ni perdedores: solo hay vino, charangas, risas y la sensación de que por unas horas Haro es el mejor sitio del mundo para estar empapado hasta las cejas. 2) es una fiesta de Interés Turístico Nacional, que atrae a miles de personas de todos los rincones del mundo, por lo que no te sorprendas estar tirándote vino con una panda de australianos, y 3) que los jarreros lo llevamos en la sangre. Este es el día grande,  ese día que te vas toda la noche de juerga, te pones la camiseta blanca más vieja que pillas y pañuelo de fiestas, y te echas a la calle a vivir una tradición que todo jarrero anela. Y tú, este año, vas a ser uno más.

Un grupo de amigas empapada de vino celebrando la Batalla del Vino de Haro el 29 de junio.

Cómo subir a los riscos el día 29

Vamos al lío práctico, que es lo que de verdad necesitas saber si no quieres acabar dando tumbos por Haro sin saber a dónde tirar.

Lo primero: no te pongas el despertador pensando en madrugar, porque esto no va así. La tradición manda y lo que toca es salir la víspera, darlo todo de fiesta por la Herradura y, si acaso, empalmar directamente con la subida. Vas a ver a más de un jarrero con la camiseta blanca arrugada y el brillo en los ojos del que no se ha acostado. Ese es el espíritu.

Para llegar a los Riscos el ayuntamiento pone autobuses lanzadera gratuitos desde la explanada del camping de Haro desde las 7am hasta las 10:00am, con la última vuelta siendo a las 11:15. Funcionan bien, no te cuestan un duro y te ahorran el mayor dolor de cabeza del día: el coche. Olvídate de subir en el tuyo. El parking de allí arriba está restringido con permiso, solo para organizadores, peñas y grupos autorizados. Así que si no quieres dejar el coche tirado en una cuneta a kilómetros, hazme caso y no lo saques.

Ahora bien, si de verdad quieres vivir la experiencia como un jarrero de pura cepa, lo que toca es subir andando. Son unos 5km  entre viñedos que se convierten en una romería improvisada: peñas con sus charangas a todo trapo, familias enteras con la bota al hombro y un ambientazo que te va metiendo en la batalla mucho antes de llegar. No te sorprendas si te cruzas con la gente local que llevan toda la vida haciéndolo a pie. Es la forma tradicional de subir y créeme: merece la pena.

Miles de participantes vestidos empapados de vino tinto durante la Batalla del Vino de Haro en los Riscos de Bilibio, La Rioja.

La gran batalla comienza

Cuando llegas arriba, la cosa tiene su ritual. Primero se celebra la misa en la ermita de San Felices, en lo más alto del risco, que es donde arranca todo. Los fieles y los no tanto se congregan allí entre vino y rezo, que aquí las dos cosas conviven sin problema. Y luego, el momento clave: el chupinazo. Suena el cohete, la gente estalla y empieza la guerra. Bueno, oficialmente. Porque si te crees que todo el mundo espera al cohete para lanzar el primer litro de tinto, no has estado en una Batalla del Vino. Siempre hay algún ansioso que se adelanta, pero la fiesta técnicamente comienza con el cohete.

Grupo de jarreros y visitantes en los Riscos de Bilibio durante la mañana de la Batalla del Vino.

Y ahí es donde comienza la fiesta de verdad. Ya lo has visto en YouTube, pero imagínate esto: el cohete todavía retumba en el pecho, el humo del pólvora se mezcla con el primer olor a vino, y de repente todo el mundo enloquece a la vez. A tu izquierda, un tipo con una bota de vino apretando el chorro a presión como si fuera un francotirador. A tu derecha, una cuadrilla entera armada con sulfatadoras de mochila (sí, sí, de las de echar herbicida, pero cargadas de vino tinto…) que disparan arcos rojos por encima de las cabezas. Delante, un grupo de australianos flipados con pistolas de agua que no dan abasto, y detrás siempre viene el clásico abuelo jarrero con un cubo de obra que te vacía por la espalda sin avisar y se parte de risa.

Participantes lanzando vino tinto durante la Batalla del Vino en los Riscos de Bilibio.

El suelo, en dos minutos es convierte en un barrizal morado. Las charangas no paran: suenan la música, la gente salta, se canta, se tropieza en los riachuelos de vino que bajan ladera abajo como si aquello fuera una vendimia poseída. Hay litros de tinto por todas partes (hasta 40000 litros se estima que se puede tirar), te entra por la nariz, por las orejas, por sitios que ni sabías que tenías… Y entre disparo y disparo, siempre hay alguien que te ofrece un trago de su bota o de su botella del vino bueno, del que se guarda uno para beber…  porque aquí la única regla es que no hay reglas.

Es un caos precioso, de los que salen en los sueños. La gente baila, resbala, se abraza empapada con desconocidos y sigue tirando vino como si no hubiera mañana. Y tú, en medio de todo ese desfase, con la camiseta morada y una sonrisa de idiota que no se te quita ni aunque te caiga un cubo entero en la coronilla. Eso es la Batalla del Vino en su punto álgido. Puro delirio riojano.

Peña bailando y saltando durante la tradicional Batalla del Vino de Haro



Cuando ya no queda vino que echar, cuando todo el mundo está morado hasta las pestañas y se agota la munición, llega el momento de la tregua: el almuerzo. Y aquí no hablamos de cualquier cosa. Las peñas montan sus campamentos, se sacan las brasas y empieza el festín de verdad: chuletillas al sarmiento, choricillo a la parrilla, morcilla que te resucita y, por supuesto, los caracoles. Son el plato más típico de la fecha, el que todo jarrero espera durante el año, y están tan buenos que hasta el vino que te queda pegado en la ropa te sabe a gloria.

Ya después de almorzar, la masa empapada y feliz pone rumbo de vuelta a Haro. Y aquí no se acaba la cosa: el plan sigue en la plaza de toros, donde toca correr las vaquillas. Así que ya sabes, no te duermas en los laureles que la fiesta, y el día de San Pedro, no ha hecho más que empezar…

El kit de supervivencia de la Batalla del Vino: qué llevar (y qué dejar en casa)

He visto a demasiados novatos ir a la batalla sin pensarlo un segundo y acabar lamentándose. Aquí se viene uno preparado. Así que presta atención, que esto te va a salvar el día:

  • La ropa blanca, pero de la barata. Lo típico es camiseta y pantalón blanco. Pero no te compres nada caro, porque esa ropa no vuelve. O vuelve teñida de morado para siempre, que también le da su punto. En Haro tienes bazares y tiendas donde pillas el kit entero por cuatro duros. Ah, y no se te olvide el esencial del  pack batalla: el pañuelo de fiestas.
  • El calzado, viejísimo. Las zapatillas más destrozadas que tengas en casa. Esas que ya pensabas tirar. Porque el suelo se convierte en un barrizal de vino y tierra que te chupa los pies, y créeme: no quieres estrenar nada allí arriba. Nada de chanclas, que acabarás descalzo y caminando sobre barro.
  • Gafas de buceo o de piscina. Este es el truco de los veteranos. El vino pica en los ojos, y si no te proteges, acabas viendo borroso a los diez minutos. Con unas gafas de bucear te conviertes en inmune al chaparrón. Quedas ridículo, sí, pero ridículo y funcional. 
  • El móvil, a prueba de todo. O lo dejas en casa, lo cual recomiendo como lo más seguro, o te pillas una funda impermeable de las de playa. He visto varios móviles ahogados en tinto que no volvieron a arrancar. También funciona la bolsa de congelar con un cordón al cuello, pero vamos, la funda estanca de Decathlon cuesta dos euros y te quitas de líos. 
  • Las armas, a tu gusto. La reina es la sulfatadora: la mochila de fumigar de toda la vida, cargada de vino tinto. Tiene alcance, depósito generoso y un punto canalla que mola. Luego están las botas de vino, que es el arma por excelencia de aquí, que van de lujo para el cuerpo a cuerpo. Las pistolas de agua, para los rápidos. Y el cubo de playa, para los que van a lo grande y no le hacen ascos a empaparte entero de una tacada.
  • Un cambio de muda para los frioleros, todo en bolsa estanca. Esto es consejo de los más pros. Cuando bajes, vas a estar empapado hasta el alma, y si se levanta aire, el frío te cala hasta los huesos. Métete en una bolsa impermeable, de las de playa, una muda seca, que puedas llevar contigo o dejar en el coche de vuelta en Haro. Y cuando ya estéis de vuelta, te cambias y sientes que vuelves a nacer. Eso sí, solo una vez que estéis de vuelta, porque la tradición marca que hay que volver de la batalla totalmente morado de vino y corres el riesgo que alguien te la juegue.
  • El almuerzo, que no falte. Aquí te juegas la energía post-batalla. Los locales más organizados suben su propia parrilla, sacan las brasas y se montan un festín de chuletillas y choricillo que alimenta a media peña. Si no tienes logística para tanto, con un buen bocadillo en la mochila vas que chutas. Eso sí, mételo también en bolsa impermeable, porque como te entre vino al pan, te comes una sopa fría. Y no te olvides de una botella de agua: después de horas bebiendo tinto, el cuerpo te pide hidratación de la buena. El agua sabe a gloria en ese momento.
  • Y sobre todo: ganas de juerga. Porque esto no es una batalla de verdad, es una fiesta. Nadie va con mala leche. Si te tiran un cubo, te ríes. Si te empapan la espalda, te giras y les devuelves el chorrazo. Aquí se viene a pasarlo bien, a cantar con las charangas, a bailar sobre el barro y a acabar morado, contento y oliendo a vino.

Consejos para la Batalla del Vino: gafas de bucear, funda impermeable para el móvil y calzado viejo, el kit de supervivencia del jarrero.
¿Cuándo se celebra la Batalla del Vino en Haro?

Siempre el 29 de junio, el día de San Pedro. Es fecha fija, así que si el calendario no te cuadra, ve haciéndole hueco. En 2026 cae en lunes, lo que significa que el fin de semana previo ya se empieza a oler la fiesta por toda la ciudad.

¿A qué hora empieza exactamente la batalla?

Oficialmente, el chupinazo suena sobre las 10:00 de la mañana después de la misa en la ermita de San Felices. Pero te aviso: el vino empieza a volar mucho antes. Sobre las 9:00 ya hay quien calienta motores. Tú ve con los ojos bien abiertos desde que pones un pie en los Riscos.

¿Dónde se celebra la Batalla del Vino, exactamente?

En los Riscos de Bilibio, una explanada a unos seis kilómetros al norte de Haro, en plena Rioja Alta. Allí arriba, junto a la ermita de San Felices, es donde montamos este desfase año tras año. No tiene pérdida: sigue a la marea blanca y llegarás.

¿Por qué se hace la Batalla del Vino? ¿De dónde viene esta tradición?

La leyenda dice que nació de un pique con la localidad burgalesa de Miranda de Ebro por la posesión de los Riscos, allá por el siglo XIX. Con el tiempo, aquella disputa territorial se convirtió en una romería, y la romería en lo que hoy conocemos: una batalla campal con vino donde no hay bandos ni vencedores, solo ganas de pasarlo bien. También tiene un origen de culto religioso, ligado a San Felices, pero la fiesta ha ido tomando su propio camino.

¿La Batalla del Vino es la fiesta patronal de Haro?

No exactamente. La Batalla del Vino es el día grande de las fiestas de San Pedro, pero las fiestas patronales de verdad son en septiembre, en honor a la Virgen de la Vega. Aquí en Haro tenemos la suerte de tener dos grandes fiestas en el año. El 29 de junio es el día más loco, pero en septiembre también nos ponemos el pañuelo.

¿Merece la pena visitar Haro más allá del día de la Batalla?

Totalmente. Haro es la capital del vino de la Rioja Alta, y tiene uno de los cascos históricos más bonitos de la región. Puedes pasar un fin de semana completo visitando bodegas centenarias en el Barrio de la Estación, tapeando por la Herradura, paseando entre viñedos o haciendo una escapada a pueblos como Laguardia o Briones. Si vienes solo el 29, te vas a quedar con ganas de más.

¿Hay batalla del vino para niños o es solo para adultos?

La batalla grande es para todos, pero los más pequeños tienen su propio momento. Dos o tres días antes se celebra la batalla infantil. Es igual de divertida, mucho menos caótica y perfecta para que los peques vivan la tradición. Si vienes en familia, apunta la fecha en cuanto el ayuntamiento la confirme.

¿Se puede ir con niños a la Batalla del Vino de verdad?

Se puede, pero no es lo más recomendable para los muy pequeños. Hay mucha aglomeración, el suelo se vuelve un barrizal y el vino vuela en todas direcciones. Si tus hijos son algo más mayores y les gusta la fiesta, adelante, siempre con gafas de protección y con un adulto vigilándolos de cerca.

¿Qué tipo de vino se usa en la Batalla del Vino de Haro?

Vino tinto, y mucho. Hablamos de entre 20.000 y 40.000 litros de tinto joven, el que no da pena tirar. Las bodegas de la zona, el ayuntamiento y las peñas aportan buena parte del vino. Lo que bebes (porque también se bebe, no solo se tira…) suele ser de mejor calidad. El vino riojano se respeta hasta en plena guerra.

¿Qué armas se pueden usar en la Batalla del Vino?

Armas como tal, ninguna. Esto no es un deporte federado. Pero hay un código no escrito: vale casi todo mientras no hagas daño. La sulfatadora de mochila es la reina, luego van las botas de vino, los cubos de playa, las pistolas de agua, alguna botella reciclada…

¿Cuánta gente va a la Batalla del Vino cada año?

Cada 29 de junio, Haro multiplica su población por varios dígitos. Se habla de entre 8.000 y 10.000 participantes en los Riscos, aunque las cifras bailan. Lo que es seguro es que verás a más de un millar de peregrinos del vino llegados de todas partes, desde australianos hasta japoneses, además de los jarreros de pura cepa.

¿Se necesita reservar alojamiento con antelación para la Batalla del Vino?

Sí, y mucha. Haro no es enorme y los alojamientos céntricos vuelan meses antes de la fecha. Si quieres dormir a un paseo de la fiesta y no depender del coche, reserva en cuanto puedas. De hecho, muchos de nuestros huéspedes en Plaza de la Paz cierran la reserva con seis meses de antelación. El 29 de junio no es día para improvisar.

¿Dónde aparcar si voy en coche el día de la Batalla?

Mi consejo: no subas en coche. El parking de los Riscos está restringido con permiso para organizadores y peñas. Si aun así vienes en coche, déjalo en Haro y sube en el autobús lanzadera gratuito o andando. En el pueblo puedes aparcar en las afueras y acercarte al centro dando un paseo. No te la juegues dejándolo en una cuneta.

¿Hay carrozas o desfile en la Batalla del Vino?

No. La subida a los Riscos es más una romería a pie, pero sin carrozas ni desfile organizado. Lo más parecido a una carroza que verás es algún remolque con altavoces y una parrilla, que también tiene su encanto.

¿Después de la batalla se puede visitar alguna bodega en Haro?

El mismo día 29 muchas bodegas cierran o tienen horario reducido por la fiesta, pero si alargas la escapada, el Barrio de la Estación te espera con las puertas abiertas el resto del fin de semana. Una cata tranquila el día después es el plan perfecto para recuperarte. Y si no, siempre puedes volver en septiembre, que con la vendimia las bodegas están en plena ebullición.

¿Es peligrosa la Batalla del Vino?

Peligrosa de verdad, no. Pero tiene su punto caótico: el suelo resbala, la gente se agolpa y algún cubo perdido siempre vuela. Con un mínimo de sentido común —calzado cerrado, gafas de buceo, nada de objetos de valor encima— se disfruta sin sustos. Los jarreros llevamos décadas haciendo esto y la batalla siempre acaba con más risas que incidentes.

¿Qué más se puede hacer en Haro durante el fin de semana de la Batalla del Vino?

Mucho más de lo que imaginas. La víspera es perfecta para tapear por la Herradura y salir de fiesta. El día después, si el cuerpo aguanta, puedes recorrer bodegas, hacer una ruta de senderismo suave entre viñedos o escaparte a pueblos como Laguardia o Briones. Y el 29, entre batalla, almuerzo y vaquillas, ya tienes el día completo sin meter nada más.

¿Se celebra la Batalla del Vino desde hace muchos siglos?

La romería a los Riscos de Bilibio tiene siglos de historia, con documentos que hablan de ella ya en el siglo XVIII. Pero la Batalla del Vino tal y como la conocemos —con sulfatadoras, cubos y vino a presión— es bastante más reciente, de mediados del siglo XX. Lo que empezó como una disputa territorial se ha convertido en una de las tradiciones más singulares de La Rioja.

¿Se puede participar en la Batalla del Vino si no soy de Haro?

Claro que sí. No hay carnet de jarrero. Si vienes con ganas de pasarlo bien, te pones de blanco, respetas el ambientazo y no vas con malas intenciones, eres uno más. La Batalla del Vino es de todos. Eso sí: si alguien te vacía un cubo y le devuelves el chorrazo, ya eres oficialmente de la familia.

¿Cómo se llega a Haro desde Logroño o Bilbao para la Batalla del Vino?

Haro está muy bien comunicado. En coche, desde Logroño son unos 45 minutos por la N-232; desde Bilbao, poco más de una hora por la AP-68. También hay trenes directos desde Madrid o Barcelona, con estación en barrio de las bodegas. Y si vienes en avión, los aeropuertos más cercanos son Logroño, Vitoria o Vitoria. Para moverte el día de la batalla, lo dicho: autobús lanzadera o andando.

¿Qué es lo mejor de alojarse en el centro de Haro durante la Batalla del Vino?

Tenerlo todo a un paseo: la salida hacia los Riscos, la vuelta empapado, los bares de la Herradura para reponer fuerzas, la plaza de toros para las vaquillas… y, sobre todo, una ducha caliente esperándote sin hacer cola. Esa es la diferencia entre sobrevivir a la batalla y vivirla con honores. Por eso en Plaza de la Paz lo tenemos claro: centro, comodidad y a dos minutos andando de todo el meollo.

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